sábado, 5 de diciembre de 2020

100 AÑOS DEL FARO ISLOTES FAIRWAY

 

100 años del Faro Islotes Fairway

1920- 2020

 Autor: Gustavo González Cortés


 

Número Nacional: 841.

Fecha Inauguración: 06 de diciembre de 1920.

Ubicación: Estrecho de Magallanes entrada canal Smyth.

Latitud: 52° 43',9 Sur.

Longitud:  073° 46',9 Weste.

Altura Torre: 5,5 metros.

Altura S.N.M.M.: 39 metros.

Alcance luminoso: 19 millas náuticas.

 

                Introducción:

                 Chile luego de independizarse de España necesitaba organizar la nueva nación, dar un orden para funcionar adecuadamente, nuestro país por su ubicación geográfica en América, se encuentra totalmente aislada del resto del mundo y para esos años solo existía la comunicación y el comercio marítimo, así se dieron cuenta los padres de la patria, los únicos medios que nos comunicaban con Europa y los jóvenes países americanos eran los navíos que recalaban al puerto de Valparaíso, los capitanes cuando hacían su arribo de día no tenían inconvenientes, pero durante la noche se les hacía difícil acercarse a la bahía ante la cantidad de bajos existentes en las cercanías de su costa, es así como fue instalado un farol en las inmediaciones del muelle del puerto el que daba una orientación de la ubicación de este solo estando cerca, los navegantes manifestaban la necesidad de contar con un faro que los guiara a gran distancia para recalar en cualquier hora, es así como nace el primer faro de Chile y la necesidad de iluminar los nacientes puertos y las vías de comunicación marítima del territorio.

 

                Antecedentes: 

Al acercarse la mitad del siglo XIX, la Patagonia se mantenía sin haber tomado posesión de ella y sin colonizar, la navegación a vela va dejando paso al vapor que empieza a hacer más cortos los viajes. El 24 de octubre de 1842 fallece en Perú el padre de la patria Don Bernardo O’Higgins, el Estrecho de Magallanes al Sur de América, comienza a recuperar la importancia que tenía hasta hace algunos años, los nuevos adelantos tecnológicos de propulsión incorporados a la navegación, permiten a las naves efectuar una travesía más rápida y segura sin necesidad de contar con la fuerza del viento, esta importante circunstancia y más las últimas palabras pronunciadas antes de morir por O´Higgins, “Magallanes”, hicieron meditar al gobierno de Chile sobre lo importancia de la ruta del Estrecho de Magallanes.

 

Juan Guillermos

 

Es así como el Presidente Don Manuel Bulnes, ordenó al Intendente de Chiloé Don Domingo Espiñeira para que disponga que el Capitán de Puerto de Ancud, Don Juan Guillermos, zarpe con una expedición hacia el Estrecho de Magallanes, con el objetivo de tomar posesión de sus costas y confirmando de esta forma la soberanía de Chile sobre esos vastos e inhóspitos territorios, para ello contaba con la goleta Ancud en la cual zarpó el 22 de mayo de 1843 recalando a Puerto del Hambre el 21 de septiembre del mismo año, tomando en dicha oportunidad posesión real y formal del territorio en nombre de Chile. El 30 de octubre de ese mismo año Guillermos fundó el fuerte Bulnes y comenzó a explorar la zona en busca de un mejor lugar, el año 1848 se funda Punta Arenas en su actual ubicación. Para que se consolidara la ocupación colonizadora de la región de Magallanes, considerando su ubicación geográfica tan extrema en el continente y tan remota respecto a los lugares civilizados de Chile y los países americanos y en particular de Europa, debieron pasar varios años para que esta se llevara a efecto.

 

                El Estrecho de Magallanes:

                 La navegación a vela va dejando paso al vapor, medio con el que se empiezan a hacer más cortos los viajes entre Europa y América, el Estrecho de Magallanes y los canales tortuosos y angostos recuperan la importancia que tenían hasta antes del descubrimiento del Cabo de Hornos, la propulsión mecánica permite a las naves efectuar una navegación independiente de la fuerza del viento por lo tanto más segura, recta y rápida en una ruta sinuosa.

 Por otra parte, la posición geográfica tan extrema del nuevo puerto de Punta Arenas y el clima severo hacia muy difícil las comunicaciones, el abastecimiento y las exportaciones; las vías marítimas eran el elemento esencial para el territorio que una vez consolidado, requirió de una estructura con diferentes actores que permitieran dar forma y pusieran en funcionamiento el nuevo y floreciente asentamiento, que además comenzaba a ser visitado por navíos que requerían entregar carga, asistencia médica y/o abastecerse de víveres y carbón en el.

El creciente tránsito de vapores y veleros que competían por hacer más viajes, la ausencia de otras rutas, sumado a las escasas y casi nulas ayudas a la navegación en el difícil Estrecho de Magallanes, permitieron que muchos capitanes se arriesgaran a navegar sin conocer los parajes, hacer este cruce por el estrecho y no por el Cabo de Hornos significaba ahorro de tiempo y combustible para los vapores, es así como también muchos naufragaban en su intento, por lo que el gobierno central escuchó las recomendaciones del delegado del Supremo Gobierno en el territorio, Don Mariano Guerrero Bascuñán, que manifestaba la necesidad de iluminar la ruta por este paso que unía los océanos Pacífico y Atlántico para dar mayor seguridad a las naves que lo surcaban, a esta creciente industria marítima que hacia escala en el puerto de Punta Arenas, en 1896 registraba las siguientes recaladas; en cabotaje 144 buques y 183 del extranjero, y durante el mismo periodo zarparon 143 en cabotaje y 178 al extranjero.


                  Los inicios:

             Para llevar a cabo esta titánica tarea de construir señales en esta principal ruta, en 1892 se contrataron los servicios del ingeniero escocés George Slight, quien a los pocos años comenzó a dar forma con la inauguración del faro Islotes Evangelistas en 1896, le siguieron Punta Delgada (1898); Punta Dungeness (1899); Cabo Posesión (1900); Isla Magdalena (1902); Cabo San Isidro (1904) y Bahía Félix (1907), todos ellos faros habitados y operados con personal de Guardianes, Ayudantes y Asistentes.

 

George Slight

 

Entre 1910 y 1913, y ante la incorporación del gas de acetileno a las señales que se iban inaugurando en el país y que funcionaban en forma automática y sin Guardianes, en el Estrecho de Magallanes se construyeron 13 de estas nuevas señales automáticas en los lugares con más peligro que se sumaron a los ya existentes faros habitados, inaugurando en sus costas el primer faro automático, el 19 de julio de 1910 en cerro Cono, con lo cual se daba mayor seguridad a la navegación por el gran canal interoceánico, George Slight en su último informe del año 1916 indicaba en uno de sus párrafos: “Con la introducción del gas acetileno disuelto y comprimido, sistema sueco A.G.A., adoptado desde 1910, se ha completado el alumbrado del Estrecho de Magallanes (que ahora es más fácil navegar de noche que de día)...”.   


Consolidación:

Aún faltaba unir la ruta comercial interior con el gran canal interoceánico, lo que se logró el 6 de diciembre de 1920, cuando se inauguró en el islote Fairway una humilde baliza automática luminosa con una estructura metálica esquelética piramidal alimentada por gas acetileno, sumándose a las luces del Estrecho de Magallanes, el islote Fairway situado al final del Paso del Mar y al inicio del canal Smyth, siendo parte de ambos por su inmediata cercanía con el estrecho y con el inicio o salida de la ruta interior por los canales comerciales patagónicos, faro previsto en sus inicios para funcionar en forma autónoma, es así como en septiembre de 1939, el ingeniero de faros Don Sabino López firma los planos para el proyecto de construcción de una torre octogonal de concreto armado, la que hasta nuestros días alberga la luz de la señal de Fairway. 

Faro Fairway hacia 1939


                Ubicación estratégica:

 Los islotes Fairway están ubicados en el centro del canal Smyth dando inicio a la ruta comercial por aguas interiores, el sector es navegable por ambos costados, aunque siempre con precaución debido a las rocas sumergidas existentes en los bordes de los canalizos, como es el caso de la roca Lynch.

                   Más al Norte siguiendo la ruta y a dos millas, se encuentra el serpenteante paso Shoal, sobre este el derrotero de esos años decía “cuidarse de las mareas… hay tres vueltas pronunciadas a corta distancia la una de la otra”, por lo que se requiere de mucha concentración, toda esta parte de la ruta de navegación debe lamentar varios naufragios dramáticos, podemos nombrar por ejemplo: el ocurrido muy cerca de Fairway en la roca Lynch al vapor Moraleda, acontecido el 03 de agosto de 1940 a las 05:20 de la madrugada, de un total de 112 tripulantes y pasajeros que iban a bordo en viaje desde Puerto Montt y Castro hacia Punta Arenas, perdieron la vida 80 personas y sólo 32 sobrevivieron al accidente, el vapor fue declarado con pérdida total; luego en el paso Shoal al Mercante Santa Leonor que viajaba de Buenos Aires a Valparaíso el 31 de marzo de 1968 a las 01:00 de la noche, salvando ilesos sus 51 tripulantes y 7 pasajeros, el mercante fue declarado como pérdida total por los armadores. 

Motonave Moraleda en su último viaje

 

                Construcción:

 La desgracia del vapor Moraleda quizás empujó a considerar habilitar con una dotación permanente la señal automática del islote Fairway, sumada la importancia estratégica para el control de los buques y embarcaciones que navegan en sus alrededores, más el apoyo meteorológico que se puede brindar, la Dirección del Territorio Marítimo a través de su sección de Faros y Balizas, decide finalmente en diciembre de 1941 habitar con personal el faro, el ingeniero Don Sabino López firma los planos para el proyecto “casa para el guardia del faro isla Fairway”, quedando disponible para habitar con dotación permanente desde el año 1943. El accidente ocurrido el año 1968 al Santa Leonor ratificó la necesidad de contar con este faro habitado en el lugar. 

Planos de la casa año 1941


De las torres y casas de faros construidos en el Estrecho de Magallanes, esta es la de menor dimensión; la torre con su materialidad de albañilería reforzada y hormigón armado de forma octogonal y de pequeña altura no deja de ser elegante en su diseño, con una puerta coronada por un pórtico de tipo románico, que remata en una baranda sobre la terraza a la cual se incorpora la linterna; en cuanto a su casa está fue construida en material ligero, con su entramado y forro interior en madera y su forro exterior con planchas metálicas, tiene una distribución que considera dos habitaciones grandes, cada una con su baño independiente, una despensa, una cocina, un comedor y una oficina, todo pensado en un jefe de faro casado y un ayudante soltero. 

Fairway en la actualidad posee además de la casa habitación y la torre, cuatro bodegas, una destinada a recibir la carga general, otra para recibir y almacenar los combustibles, una carpintería y sala de baterías y una sala de motores, además cuenta con un helipuerto, un pequeño muelle y un atracadero para recibir al buque que lo abastece, que por lo general es una barcaza o una lancha de servicio general, ambos además se utilizan en su rol de control de embarcaciones menores, ya sean yates o pesqueros. 

Este faro además se encuentra dentro de los terrenos que comprenden la Reserva Nacional Alacalufe, actual Parque Nacional Kawésqar administrado por la Corporación Nacional Forestal, CONAF, ubicada en la Región de Magallanes y Antártica Chilena, reserva creada el 22 de julio de 1969, por D.S. N° 263 del Ministerio de Agricultura. 

Con el objeto velar por la seguridad de la vida humana en el mar y ejercer el control y vigilancia marítima y soberanía, CONAF entregó el 01 de diciembre del año 2010 en comodato a la Armada de Chile, 10.000 metros cuadrados (una hectárea) de los islotes Fairway para hacer cumplir sus funciones institucionales de soberanía y profesionales, entrega que tiene una duración indefinida y mientras persistan en el tiempo los objetivos de las instituciones suscriptoras. 



 

  


 


 

 

 

domingo, 29 de noviembre de 2020

 

La Mujer del Farero, es una historia que muestra a nuestras compañeras que nos acompañan en todo lugar y a toda prueba, otro relato de la vida real que nos comparte el autor, así es la mujer del farero. 



LA MUJER DEL FARERO

Autor: Jorge Lee Mira

 

 

Afuera llovía intensamente. El largo grito desgarrador lleno de espanto rebotó por las gruesas paredes del añoso faro, aumentado quizás por el eco que provocaba el espacio interior de la solitaria construcción erigida en un islote perdido en los canales australes. La noche era obscura y su negro manto sólo era rasgado por la luz azul/violeta de los rayos que caían sin pausa en esas profundas soledades de laberintos de roca y hielo, cada relámpago permitía fugazmente ver la silueta siniestra de los árboles torcidos en dirección del viento.

El farero Albarrán había estado todo el día anterior en la sala de radio tratando de manera angustiosa de comunicarse con un pesquero que había emitido en la madrugada una llamada de emergencia. Las luces intermitentes de los equipos de radio y el permanente ruido de la estática con ese chicharreo enervante que se produce al cambiar de frecuencia, cómo un arrastrar de cadenas mohosas sobre la cubierta de un buque náufrago, era lo único que llenaba ese espacio de paredes cubiertas por cuadros de señales, cartas náuticas, fotografías explicativas de nubes, un librero con derroteros de la zona y un banderín viejo y desteñido del Naval de Talcahuano.



Para Albarrán, esta sería su ultima destinación a un faro, ya estaba próximo a cumplir un año en aquel islote y sentía en su grueso cuerpo el pasar de casi treinta años en la Marina de los cuales ya no sabía de cuantos había pasado sirviendo en los faros, se había dado cuenta que ahora le gustaba el aislamiento en lugares perdidos sobretodo si eran faros en que podía estar con familia, Albarrán se casó viejo con una buena mujer, no tenían hijos, la conoció en el funeral de la madre de ella en Dalcahue cuando el se encontraba en comisión de mantenimiento de faros. La figura vestida de negro de esta mujer alta, delgada con un rostro muy blanco y de grandes ojos obscuros le llamó la atención, era cómo si representase la soledad misma en forma humana, tal vez el cuidado que ella le brindó durante toda su vida a su madre en esa vida de mujeres solas mientras vivían en una de las Islas del grupo de las Mechuque en Chiloé fue lo que la impregnó de esa aura magnética que hizo que el Farero corpulento, moreno de cara redonda y gruesos bigotes que recordaba a una gran foca, quedara cómo petrificado y consiguiese a punta de requiebres románticos la unión de esas dos soledades.

Durante los días de tormenta a ella le gustaba verlo trabajar en la sala de radio, sentado en ese piso redondo giratorio que crujía cada vez que el se movía o cuando maldecía brutalmente al perder una señal o cuando daba noticias meteorológicas exactas a los navegantes que se atrevían a cruzar por esa zona intrincada de canales que a ella le recordaban su entrañable Chiloé. Ese día, Albarrán sólo tomo tazones de café que le llevaba cariñosamente, no probó el plato de lentejas, lo cual era muy extraño en el, sin embargo, Mercedes pudo entender la situación angustiante en la cual se encontraba su esposo, lo veía nerviosamente consultar la carta náutica y tratar de dar con la ubicación en que supuestamente se encontraba el pesquero que hizo la llamada de emergencia.

Entre las islas y en medio del temporal no había ninguna diferencia entre la noche y el día, el amanecer casi no se percibía en aquella madrugada en que las olas golpeaban violentamente a la goleta de pescadores, el viento a rachas les hizo perder el mástil donde estaba la antena de radio y sólo sabían que estaban cerca del Faro porque cada ciertos segundos que eran tan largos cómo su brazo luminoso, veían aparecer esa luz que los guiaría y podrían fondear en un lugar seguro, sin embargo se encontraban muy lejos de medio canal y las rocas puntiagudas bañadas de blanco por la espuma se confundían con la cresta de las olas. El estruendo del golpe fue corto, sólo seguido por el crujir y quebrazón de tablas y por las ordenes gritadas del Capitán, los cuatro tripulantes soltaron las amarras de la balsa salvavidas que ya tenían sobre cubierta y agarrados con todas sus fuerzas a esa esperanza de vida saltaron a un mar negro, embravecido y brutal.

Remaron con desesperación hacia la costa o lo que podían percibir que era costa y así poder ganarla y llegar cómo pudieran al faro para pedir ayuda. Lucharon tenazmente durante esa mañana contra las olas que empujaban con fuerza la balsa hacia las rocas, logrando mantenerse libres de las rompientes y así alcanzar el grupo de islotes en que estaba levantado el faro, el cual cada cierto tiempo se les perdía debido al enjambre rocoso o a la altura que tomaba la marejada. Ya desfallecientes, los cuatro pescadores consiguieron desembarcar en una saliente que les dio la protección suficiente para saltar y agarrarse cómo pudiesen de los sargazos y poder empezar el camino a su salvación, caminaron durante todo el resto del día hasta que anocheció entre rocas filosas y huiros resbalosos bordeando la isla hasta encontrar un lugar seguro donde empezar a subir la empinada roca en dirección al faro.

Tenían las ropas desgarradas por los golpes sobre las rocas y las manos sangrientas en la desesperación de asirse a salientes cortantes, cada vez que podían pasaban sus manos por sus rostros barbudos para despejarse el agua que les corría desde los pelos mojados, dejándoles marcas de sangre y barro que desfiguraban sus facciones humanas. Todo esto los hacía parecer a feroces fantasmas empapados que caminaban torpemente en esa obscuridad iluminada a veces por los relámpagos que florecían en ese temporal.

En la intimidad del faro, Mercedes tomó los tazones de café junto con algunos otros platos usados y decidió llevarlos a la amplia cocina para lavarlos, dejar todo ordenado y dar así término a un día más de ser la mujer de un farero en un remoto islote de los canales patagónicos. La cocina era muy amplia y de un color verde nilo desteñido, que más que cocina parecía un retén policial de pueblo, la única lámpara del lugar colgaba de manera floja de un cable desde lo alto del techo hasta terminar en un plato metálico redondo de color blanco, lo único que podría darle un carácter más de hogar era una ventana pequeña que se ubicaba frente y sobre el lavaplatos atestado de ollas y sartenes por lavar, el resplandor de los relámpagos en el exterior golpeaban los gruesos vidrios por los que se escurrían diagonal y velozmente las gotas de la lluvia incesante.

Los largos dedos de Mercedes tomaron un plato y comenzaron a fregarlo de manera desganada, sin apuro, sin presión, casi de manera inconsciente, mecánica, afuera un relámpago muy cercano iluminó toda la cocina a través de la pequeña ventana, se sobresaltó y levantó la cabeza para ver el resplandor eléctrico y fue en ese preciso momento en que a través de los vidrios chorreantes de agua pudo ver dos rostros aterradores, obscuros, con cicatrices rojizas y mechones de pelo sobre sus frentes, que la miraban fijamente y sin ninguna apariencia humana. Su cuerpo se congeló en un instante, sus manos se alzaron a su cabeza dejando caer el plato que se rompió en muchos pedazos, su rostro adquirió la más terrible de las muecas y desde lo más hondo de su cuerpo subiendo por la garganta emitió el más salvaje y animal de los gritos, cayendo grotescamente al suelo de piedra rodeada de restos del plato roto.

Los pelos de todo el macizo cuerpo de Albarrán, se erizaron y no pudo continuar llamando por radio al pesquero siniestrado, soltó lejos el micrófono de la radio y corrió pesadamente a la cocina para ver a su mujer. Encontró el largo y delgado cuerpo sobre el piso, su rostro con una palidez de cera y en las cercanías no había nada que le indicase las razones de tan espeluznante grito. Le levantó suavemente su cabeza y pudo ver que estaba recuperando la consciencia, abría aun más sus grandes ojos obscuros y sólo balbuceaba “allí estaban, allí estaban”, indicando la pequeña ventana de la cocina que seguía iluminándose con la luz relampagueante de los rayos. Los golpes seguidos que se escucharon a continuación en la gruesa y vetusta puerta del faro, retumbaron en el acceso y no consiguieron que Albarrán pudiese darse cuenta de esa realidad, aun sostenía la cabeza de su mujer en sus brazos y trataba de forma infructuosa de hacer coincidir ese tiempo, ese espacio con unos golpes secos y furiosos que llegaban lejanos a su entendimiento. Afuera, los cuatro hombres casi irreconocibles cómo tales, se agrupaban a la enorme puerta y continuaban golpeando, ignorantes del cuadro que se desarrollaba al interior del faro de su salvación.

Los gritos roncos de auxilio volvieron al viejo farero a la realidad y con voz atragantada dirigiéndose a su mujer soltó bruscamente: “Son ellos, son ellos”, a lo que la mujer temblando de terror le pedía que no la dejara, que volverían, Albarrán la tomo en brazos, la llevó a la sala de radio y le pidió que lo esperara porque posiblemente eran unos pescadores pidiendo ayuda. Al abrir la pesada puerta y cuando el chorro de luz interior golpeó sobre los náufragos amontonados en el umbral, encontró a cuatro hombres golpeados por la naturaleza, desencajados sus rostros de cansancio y temor, empapados, sucios, con sus ropas raídas y con sus salvavidas color naranja colgándoles del cuello, era una escena de terror.

Después de avisar a la Gobernación Marítima del rescate de los pescadores de que se encontraban a salvo, darles cobijo, ropas secas y escuchar sus relatos, el ambiente tomó la pasividad y tranquilidad habitual de un faro. Los cinco hombres rudos y la mujer del farero estaban sentados a la mesa iluminados por una tenue luz de una lámpara que los cubría mientras comían las lentejas del día. Afuera llovía intensamente.

 

 EL DIABLO ESPERA EN EVANGELISTAS, a quienes gustan de las historias de faros, acá les dejo un gran relato del autor, la historia nace de la realidad de aquellos años, hablo de la década de 1970, donde lo normal era recibir a lo menos un golpe durante los reabastecimientos de los faros habitados, Evangelistas era el más difícil ya que quedaba ubicado en la parte oceánica de la boca Occidental del Estrecho de Magallanes, gracias Jorge por compartir esta historia de vida.



EL DIABLO ESPERA EN EVANGELISTAS

 

Autor: Jorge Lee Mira 

“Prométeme que no te lo vas a sacar nunca”, “Prométeme que lo vas a usar siempre”, su pedido era cariñoso, coqueto, lleno de un encanto que invadió toda la pequeña salita de la casa cerca del Cerro de la Cruz. Su respuesta fue rápida, valiente y casi temeraria, “Ni el diablo se atrevería a sacármelo!!!!”, todos rieron y festejaron la espontánea respuesta del recién casado, brindis por los novios, brindis por la felicidad, brindis por Punta Arenas, brindis por el próximo zarpe y que regreses bien y pronto, más brindis. La ceremonia había sido simple y sencilla, las dos familias, algunos amigos y la funcionaria del Registro Civil qué si no es porque se hubiese despedido, nadie se habría acordado de ella después de pedirle los anillos al novio.



Cárcamo bajó hasta la Plaza y tomó la calle Roca iluminada con sus faroles amarillentos, que alargaban su silueta cuando dejaba atrás a cada uno de ellos, el enorme reloj de la joyería que emergía de los muros a la calle cómo un mascarón de proa luminoso, mostraba que recién eran las seis de la tarde y la obscuridad ya estaba sobre la ciudad. Era una noche sin luna y caminar en estos días fríos era agradable, más aun cuando conservaba todavía el calor de la casa y de esa sonrisa cuando le ponía el anillo a su novia de años. Sonrió cuando se acordó de su promesa.

Con la bolsa de embarque al hombro, el cuello subido del chaquetón y esquivando los planchones de hielo, se dirigió al muelle para cumplir con la hora dispuesta para el zarpe. La tranquilidad del puerto, sin viento de ninguna dirección, los focos con su chorro inmóvil de luz glacial, el perro negro del guardia del puerto hecho un ovillo, donde no era posible saber donde estaba su cola o su cabeza, todo hacía presumir que el zarpe y la navegación al Faro Evangelistas sería de quietud, por lo menos al principio, porque en esos islotes de roca perdidos en el Pacífico indicando la entrada a la boca occidental de Estrecho de Magallanes, nunca se sabe el próximo estado de ánimo de los vientos.

Las bromas no se hicieron esperar para cuando llegó a bordo del Patrullero, que ya estaba con toda la carga estibada en todas partes donde hubiese un espacio, incluyendo los corderos que ocupaban un pequeño corral improvisado en toldilla. Era habitual que las ceremonias de bautizo, nacimiento o matrimonio, cómo le ocurría ahora a Cárcamo, coincidieran con navegaciones de aprovisionamiento de faros, salvatajes de emergencia o faenas de transporte de ganado a las islas. A bordo reinaba un ambiente grato y de buen ánimo, si bien era una comisión con track conocido y maniobras sabidas y ejecutadas muchas veces, las faenas en Evangelistas nunca eran iguales unas con otras, nunca se repetían, nunca se podrían contar las mismas historias, nunca se sabía que ocurriría en cortos espacios de tiempo.

La navegación en esa noche apacible fue agradable, el amanecer sorprendió al Patrullero entre las islas e islotes en dirección al Norweste, los avisos meteorológicos pronosticaban clima favorable, vientos frescos del Surweste, la aguja del barómetro estaba quieta, el higrómetro indicaba humedad normal para la zona, por lo que las condiciones estaban aparentemente de parte del Patrullero para efectuar el cambio de dotación del Faro Evangelistas, que ya cumplía poco más de cuatro meses en ese antiguo faro de cerca de cien años, marcando la entrada occidental del estrecho con su figura rojiblanca y su potente ojo luminoso, que alertaba a los navegantes de la existencia de ese puñado de rocas dispersas bañadas permanentemente por la furia del océano que fue llamado Pacífico. La tripulación completa estaba asombrada porque nunca habían visto esas condiciones en Evangelistas, las olas mansas de un azul cobalto profundo, los albatros y los petreles siguiendo la estela del Patrullero, la velocidad del viento baja, los Fareros que repitieron optimistas el informe meteorológico, las nubes que se avistaban lejanas por el Norte, pero grandes y grises. Era para llamarlo Pacífico.

El acercamiento se hizo por el canalizo siguiendo las instrucciones del derrotero y la carta náutica, se dieron las instrucciones de arriar la ballenera de ocho remos y embarcar los bultos, paquetes y cajas, la dotación de la ballenera tomó sus posiciones. Cárcamo por la experiencia y buen dominio era el patrón de la embarcación desde hace ya más de un año, así es que aprovechando la tan sorprendente quietud, los hombres tomaron los remos y en una sincronía náutica se fueron alejando en dirección a la roca para ubicarse paralelo a la red de desembarco que colgaba pegada al paredón de piedra. El primero en saltar fue el Sargento futuro Jefe del faro, quien fue recibido por sus compañeros con alegría y con bromas por haber “traído” el buen tiempo. La técnica era contar las olas, esperar la adecuada y saltar a la red de cuerdas para subir rápidamente cual gato en cuatro patas, antes de que la embarcación volviese a subir y golpeara a quien había saltado. La descarga de las provisiones se hizo mediante un pescante que era operado desde lo alto de la roca a través de un cable con un gancho que había que hacer coincidir con el movimiento de la ballenera para enganchar la próxima carga. Todo resultaba rápido, pese a las dificultades naturales del lugar.



El recambio de la nueva dotación del Faro ya se había efectuado y sólo quedaba un viaje más para terminar la faena, llevar los últimos tambores de combustible, los fardos de pasto y los corderos que asegurarían a la nueva dotación un período de carne fresca. Los animales estaban amarrados con la cuatro patas juntas para evitar sorpresas, así que con el gancho era fácil subirlos. La temperatura bajó bruscamente, los albatros ya no se veían, los petreles buscaron refugio en las islas distantes, la aguja del barómetro comenzó a caer rápidamente, la nubes lejanas aprovecharon el aumento de la velocidad del viento y ya estaban encima de la enorme roca, las olas se crisparon y se azotaban con furia en los cortes a pique desde donde colgaba la red, el cielo se obscureció. Cárcamo maniobraba con pericia y precisión, sin embargo un golpe de mar azotó la proa de la ballenera contra la roca, por el golpe los tambores cortaron las amarras y saltaron bruscamente, el golpe de la ola había arrojado a todos los hombres al fondo de la embarcación, los corderos cayeron entre las olas sin poder agarrarlos a tiempo, la desesperación por volver a tomar el control, conseguir separarse de las rocas, esquivar el gancho que sostenía dos tambores cual péndulo mortal sobre sus cabezas, era toda una terrible situación que hacía media hora atrás era imposible de predecir.

El patrón Cárcamo sintió un fuerte golpe en su mano, más el frío, el temor y la tensión superaron el dolor, logró recuperar la bayona, el remo que hace de timón, gritó instrucciones, se empujaron salvajemente con los remos de la roca y lograron salir de ese infierno de rompientes, los corderos ya no se veían. El frío se acentuaba en esos cuerpos mojados y golpeados, estaban todos, no faltaba nadie, aferrados a los remos y Cárcamo al timón, todos daban todo de sí para lograr acercarse al patrullero que se mantenía con las máquinas en marcha, pero sin poder acercarse al roquerío por las condiciones de mar. En esa furia desatada, el contramaestre y el resto de la dotación lograron desembarcar a los hombres de la ballenera e izarla a bordo del Patrullero.

La furia del viento casi igualaba a la de Cárcamo quien, en un estado de pérdida de razón y sensatez, viendo su guante ensangrentado se lo retiró de la mano con fuerza y rabia arrojándolo al mar en un acto de incomprensible ira.

Sólo cuando sintió una fuerte punzada en su mano izquierda y la levantó para buscar la razón de tal dolor, pudo darse cuenta que sólo tenía cuatro dedos. Ya no habría promesa que cumplir. El diablo debe haber sonreído.

Los fareros viejos dicen que: “Algunas noches en Evangelistas se escuchan las cadenas que el diablo mueve en las profundidades donde lo encadenaron”.

viernes, 2 de octubre de 2020

Antecedentes y fotos históricas del faro Punta Ángeles

 

Quiero compartir un pequeño resumen de la historia del primer faro de Chile, me refiero al "Faro de Valparaíso", al "Faro de Playa Ancha", al "Faro de la Punta de los Ángeles", me refiero al mismísimo "Faro Punta Ángeles", nombre con el cual quedó definitivamente aun cuando se encuentra ubicado en los terrenos de lo que otrora fueron las instalaciones del Fuerte Rancagua, junto al escrito encontraran el documento en que el Ministerio de Marina informaba de la inauguración del primer faro con característica.
Además quisiera acompañar estos antecedentes con un relato de imágenes que he ido recopilando gracias al aporte de colaboradores, de amigos y al trabajo de investigación, donde de por si las fotografías nos irán trasladando por el tiempo, buen viaje.


FARO PUNTA ÁNGELES

 

o   13 de octubre 1837, el Cabildo de Valparaíso propone levantar un faro con fondos de la ciudad, a condición que el gobierno establezca a su favor un pequeño derecho de tonelaje.

o     20 de octubre 1837, se presenta el plano y presupuesto para la construcción del faro.

o   17 de noviembre 1837, el Gobierno publica el Decreto Supremo N° 109, de fecha 9 de noviembre de 1837, que aprueba la instalación del faro y nombra una comisión para que determine el lugar.

o     30 de enero 1838, se acepta la propuesta de CLUSEAU Hermanos por $ 3.200,00 para la construcción del faro.

o  Julio de 1838, Juan Melgarejo, Gobernador e Intendente de Valparaíso, informa al Supremo Gobierno del lugar donde se ha colocado el faro y las particularidades que deben servir de guías a las naves que se dirijan al fondeadero del puerto de Valparaíso, con el fin de que les mande dar la publicidad correspondiente y indicando que el faro comienza a funcionar a contar del 1° de agosto de 1838.

o   La torre construida tenía las siguientes características: su estructura era de madera pintada de color blanco; su figura era una pirámide cuadrangular, donde su base era un cuadrado de 23 pies; tenía una altura de 60 pies castellanos hasta la base del farol; su cornisa medía 11 pies en cada frente; su fanal era de 12 pies de alto y 6 de diámetro de forma cilíndrica con un techo de fierro; su luz era fija de color natural lo bastante clara para distinguirla a 10 leguas de distancia con buen tiempo.

o    07 de agosto de 1838, se nombran dos cuidadores para el nuevo faro con sueldos de15 y 10 pesos respectivamente.

o   En el año 1856, se encargan 5 nuevos faros con sistema de relojería de origen francés, uno de ellos destinado para reemplazar al de Valparaíso. 

o   18 de septiembre de 1857, esta señal funciona por primera vez con una característica, reemplazando al antiguo farol que guiaba con una luz fija a los navegantes que recalaban al puerto de Valparaíso, en sus inicios se le denominó “Faro de Valparaíso”, el cual se encontraba ubicado en la punta Playa Ancha. 

o   En el anuario hidrográfico de 1877, se presenta el nuevo plano hidrográfico del puerto de Valparaíso, donde se observa que el faro se encuentra entre el fuerte Yerbas Buenas y el fuerte Valdivia, en las cercanías de la “Punta de los Ángeles” o “Punta Ángeles”, denominación que adoptó con los años y en cuyo lugar tuvo diferentes modificaciones: 

o   25 de enero de 1899, se instala una señal de niebla de aire comprimido. 

o   1907, cambio de estructura y sistema de iluminación. 

o   07 de junio de 1939, inaugura su radiofaro a válvulas. 

o   El faro se mantuvo en Punta Ángeles hasta el año 1967, año que fue desarmado para dar paso a la Escuela Naval, fue trasladado llevándose el nombre del lugar a las instalaciones del antiguo fuerte Rancagua, en donde permanece hasta nuestros días. 

o   01 de mayo de 1974, fueron modificadas sus ayudas a la navegación: el fanal fue reemplazado por un nuevo y potente faro con luz Xenón de 9.600.000 candelas, lo que le da un alcance luminoso de 50 millas náuticas, convirtiéndose en la señal luminosa más potente y moderna de América, renovando además su antigua señal de niebla con aire comprimido por una alimentada por electricidad y su radiofaro de válvulas por uno de circuitos integrados de 1 kw de potencia.