domingo, 26 de marzo de 2017

Volver a Nacer

       

       Acá les muestro una de las tantas historias que recopiló y nos dejó nuestro gran instructor de Faros Don Jorge Alvarez Barraza (Q.E.P.D.), muchas gracias.




VOLVER A NACER


AUTOR: SOM Sr. Jorge ALVAREZ Barraza (Q.E.P.D.)






            En una noche fría infernal, dos guarda faros se encontraban en el faro Cabo Ráper, a punto de entregar la guardia; eran las 4 de la mañana y el viento norte y la lluvia golpeaban repiqueteando los cristales de las ventanas.

            El más joven, que aún denotaba en su rostro el sueño por venir recién saliendo de la cama, preguntó con voz sosiega y restregándose los ojos:

Hola jefe, ¿Tiene café?.

A lo que el otro respondió:

Sí monito, está la tetera puesta en la cocina, en el horno hay pan calientito.

            El recién llegado se dirigió a la mesa de la cocina y se preparó café, ofreciéndole en forma gentil uno a su compañero, el cual respondió:

            Te lo acepto monito, aunque me va a quitar el sueño, sirve pa’ que tallemos un poquito y así te acorto la guardia, total pa’ dormir tengo harto tiempo.

            Diciendo esto, se arrimó a la mesa en que estaba su compañero, donde continuó dialogando.

            Sabís monito… simpre me ha llamado la atención porque eres tan viejo y todavía eres cabo, a tu edad yo tenía 12 años de marina y ya era Sargento 2°, y tú te estay cayendo de los 30 años y eres cabo mote.

            Si jefe, a la marina yo entré viejo, por una talla que me pasó, antes fui tripulante de buque pesquero de alta mar, de esos buques que pescan más allá de las 200 millas, trabajé como 12 años en eso sabe, yo trabajaba en una empresa noruega, me enrolaba en Valparaíso y me daban pasajes para embarcarme en Panamá. La última vez me embarqué en el buque factoría “Nord Sea” de bandera noruega, zarpamos un día del mes de enero a pescar pa’ fuera.

            Yo era tripulante de cubierta, y me acuerdo que como al quinto día de faena, me toco trabajar en la cubierta de babor en la guardia nocturna, el mar estaba picado y el buque , como era grande daba bandazos y escoras bien pronunciadas, en uno de estos bandazos me acuerdo que salí disparado de cubierta y me encontré de repente en el agua, viendo con espanto como el buque se alejaba, dejándome solo en ese inmenso océano, entré como en un sopor, luchaba solo por mantenerme a flote. Cuando tuve un poco de lucidez, me di cuenta que me encontraba casi desnudo, la oscuridad era total, no sé cuánto tiempo había pasado porque no tenía noción de él, solo recuerdo mi semi inconsciencia.

            Un estado como suspendido, de repente, en mi letargo escuché una voz que me dijo:

            ¡Levanta los brazos! ¡Levanta los brazos te digo!.

            Jefe, palabra, yo como si me hubieran puesto un resorte levanté los brazos a la vez, y en ese mismo instante un nivelay se me enrolló y sentí que empecé a ser izado a un buque.

            Comencé a sentir un gran cansancio, sin lograr que mis ojos permanecieran abiertos para descubrir lo que pasaba, solo escuchaba voces que poco a poco se apagaban en mis oídos. De ahí no supe más de mi, hasta que había pasado un buen rato y comencé a sentir una voz que me decía:

            Chico, chico…. ¡Despierta!, ¿Cómo estás?.

            Abrí los ojos y observé la figura rechoncha del Contramaestre panameño que me miraba con cariño.

            ¡De buena te salvaste chico!, esta no la cuentas dos veces.

            Levántate que ya llevas dos días durmiendo y el Capitán quiere verte.

            En eso se acerca el enfermero trayéndome la ropa y una bandeja con comida, la cual al devoré con ansias, observado mientras tanto por los otros.

            Una vez recuperado, me levanté y fui a visitar al Contramaestre, el cual al verme me dijo:

            Sabes chico, todavía me pregunto qué me impulso a tirarte el nivelay antes de ayer, fíjate que volvimos a buscarte y después de navegar tres horas, buscándote sin saber donde y cuando te habías caído, de repente algo dentro de mi me dijo, ¡Tira el nivelay!, palabra chico, yo no te vi, solo obedecí y tiré la cuerda, con tanta suerte que te enrollé, de lo cual me alegro porque te aprecio harto.

            Así que usted fue Contra….sabe…., le agradezco lo que hizo por mí, en nombre propio y de mi familia, a lo cual espero algún día en algún lugar devolverle la mano, le dije.

            Y desde entonces, me metí a farero.

            Sabe jefe, he pensado mucho esto, y he llegado a la conclusión que hay otra dimensión cerca nuestro y que nadie se muere antes del día que le toca morir, como me dijo el Capitán cuando me recibió en su castellano agringado:

            “Tú sacarte lotería, saber que tu caso pasar uno en un millón. Tu dar gracias a Dios, porque tú ser ese uno entre el millón, y ahora tú si creer que existe Dios”.

            Sabe mi sargento, claro que creo en Dios, y en un montón de cosas más. ¿Quién se preocupa por mí al otro lado?, ¿De quién era la voz que escuché y sigo escuchando en los momentos difíciles?,  y le digo… yo no estoy loco, y le prometo que lo que le he contado es la pura y santa verdad.

Desde entonces prometí no embarcarme más como marinero y busqué un trabajo en tierra, no por cobardía, sino porque desde esa vez miro la vida de otra manera.

El Sargento Alvear miró al monito y empezó a comprender muchas cosas de su comportamiento, pensando que Dios se manifiesta al hombre de muchas maneras. 




FIN

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